Estar abstraída de todo y de todos. Con la mente en desierto y los sentidos dormidos. Relantizar el pulso y el ritmo. Apagar poco a poco el movimiento interior, los órganos. Suspendida de la vida, en la vida, por la vida, de por vida...
En blanco... o en negro...
Dejando morir una a una mis dimensiones:
Tres (o cincuenta)
Dos (o treinta y dos)
Una (o ninguna)
Dejando pasar el momento, sin tener futuro, sin alcanzar el tiempo. Nada es lo que parece. Y parece que estoy, pero no... en ninguna parte (si es que existen partes).Y mientras tanto surgen palabras (si es que existen palabras). Palabras de nada y para nada, dedicadas a lo invisible, a lo infinito. Palabras de vacío... (vacío sí, ¡sí existe!)
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2 comentarios:
Damila querida ... a mi ser consciente de la existencia del vacío casi me lleva por delante. Pero, por suerte y deseo, convertí ese vacío en una caja, y esa caja se fue llenando poco ... y otras cosas, además del vacío empezaron a alegrarme la existencia insoportablemente leve (Milan Kundera) que me pesaba como una losa fría. Sonrisa. complicidad.
Sin vacío no seríamos nada. Me explicás que es esas caras extrañas que pusiste en mi post? Un saludo.
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